El primer paso consiste en calcular, para un año de referencia, la mortalidad por edad, es decir, el cociente π*i entre el número de personas fallecidas a una edad i dada y el número de personas de edad i en la población durante el año considerado. Esto proporciona una estimación de la probabilidad de fallecer a cada edad i* (para un año de referencia).
Se supone que las tasas de mortalidad por edad son constantes a lo largo de toda la vida. El cálculo de la esperanza de vida E al nacer es entonces sencillo: es la duración media de vida calculada a partir de todas estas proporciones. En otras palabras: E = 1 × π1 + 2 × π2 + 3 × π3 +…
La esperanza de vida al nacer representa, por tanto, la duración media de vida —es decir, la edad media al fallecer— de una generación ficticia que estuviera sometida, a cada edad, a las condiciones de mortalidad del año considerado. También puede decirse que E es el número de años que, en principio, «debería vivir» una persona desde el día de su nacimiento si las condiciones de vida de la población se mantuvieran inalteradas respecto del año de referencia.