Frente a los argumentos económicos de los defensores de la esclavitud, escribe: «La destrucción de la esclavitud no arruinaría ni las colonias ni el comercio; […] toda la humanidad saldría ganando, mientras que algunos particulares solo perderían la ventaja de poder cometer impunemente un crimen útil para sus intereses.»
Condorcet, consciente de que una abolición repentina es difícil, propone medidas graduales, como que los niños que aún nacieran esclavos fueran obligatoriamente liberados a los 35 años. También desea proteger a los esclavos mediante inspecciones periódicas realizadas por médicos, que podrían conducir a su liberación inmediata en caso de malos tratos.
Forma así parte de un movimiento que lograría abolir la esclavitud el 4 de febrero de 1794, antes de que Bonaparte la restableciera en 1802, provocando la revuelta en Haití que conduciría a su independencia.
Contra el racismo -----------------
Más allá de la esclavitud, el texto de Condorcet está impregnado de un sólido pensamiento antirracista; ya entonces veía que «al cabo de unas cuantas generaciones, es cierto, los negros se mezclarán por completo con los blancos, y ya no habrá diferencia salvo por el color».
Las primeras líneas de la obra son deliberadamente provocadoras para defender la igualdad entre negros y blancos: «Aunque no soy del mismo color que vosotros, siempre os he considerado mis hermanos. La naturaleza os ha formado para tener el mismo espíritu, la misma razón y las mismas virtudes que los blancos. Aquí solo hablo de los de Europa, pues, en cuanto a los blancos de las Colonias, no os hago la injuria de compararlos con vosotros.»